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HUMOR, LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

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POR JOSE GREGORIO HERNANDEZ GALINDO

 

Una permanente lectora de ELEMENTOS DE JUICIO me ha solicitado referirme, desde el punto de vista constitucional al siguiente punto: ¿El humor lo permite todo? ¿Es válido constitucionalmente aprovechar una columna humoristica, un programa radial o televisivo de la misma índole, una caricatura...para ofender en grado sumo a personas o a sectores, nacionalidades, razas o grupos humanos? ¿Hasta dónde llega en ese sentido la libertad de expresión en la que se sostienen ese tipo de publicaciones?

 

Mi amiga toma como ejemplo una reciente columna escrita por Alejandra Azcárate sobre las mujeres gordas, en la cual utiliza algunas frases ofensivas "que en vez de causar risa producen lágrimas", en particular en personas -mujeres mayores y niñas- que tienen esa característica y "que no pueden, como la escritora, acudir a gimnasios o a dietas costosas, o que son gordas por enfermedad o deficiencias orgánicas", poniéndolas en ridículo y generando rechazo y discriminación, "como si ser gorda fuera un delito". Añade que el artículo en sí mismo es discriminatorio en contra de las mujeres porque no se refiere a los gordos sino a las gordas, y eso indica que la columnista "destila veneno contra personas de su propio sexo". Termina diciéndome que, a su juicio, el tema no ha de verse exclusivamente bajo la perspectiva del humor sino que debe ser proyectado a la responsabilidad social de los medios de comunicación, porque escritos altamente ofensivos, como el mencionado, producen unos efectos reales, prácticos, en detrimento de personas en concreto; que causan o incrementan complejos, frustraciones y hasta problemas entre las parejas.

He resumido lo que dice mi amable solicitante. Ahora me propongo un análisis de orden jurídico, en abstracto, en el plano constitucional. No me voy a referir al caso particular de la columna escrita por Alejandra sino al tema expuesto, en sus consideraciones generales.

Lo primero que debemos afirmar es que en una democracia la libertad de expresión es un elemento esencial, y que el sistema jurídico está orientado primordialmente a su defensa. En la Carta Política y en los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos esa libertad es reconocida como fundamental y se prohibe la censura.

Eso implica que, en principio, el escritor, el columnista, el editorialista, el periodista, el comentarista, el analista, el caricaturista, y todo aquel que quiera dirigirse por cualquier medio a la totalidad o a parte de la sociedad para exponer su pensamiento, sus convicciones, sus opiniones, sus críticas, sus reclamos, la manera en que observa el acontecer nacional o internacional, o la vida diaria, bien que haga uso de la argumentación racional, de la dialéctica, de su posición política, de sus conocimientos científicos o técnicos, de su sensibilidad, del arte, del deporte, de la religión, de la estética o del humor, goza de la más amplia garantía, protegida por las normas superiores y por las autoridades, en el sentido de poder difundir sus criterios sin restricciones. El sistema jurídico le asegura que no será perseguido por las posiciones que asuma en relación con el gobierno, con las instituciones públicas o privadas, con las organizaciones, con los dirigentes, con los artistas o los deportistas, con la familia, con la manera como algo se hace o se deja de hacer, con el pasado, con el presente o con el futuro de la sociedad. La variedad de asuntos que abarca esta libertad es infinita.

Sin embargo, también hacen parte de los postulados democráticos los conceptos de deberes y de responsabilidades. El orden jurídico, a la vez que consagra los derechos y las distintas formas de manifestación de la libertad, contempla contrapartidas. De modo que quien ejerce un derecho o hace uso de una libertad asume el cargo igualmente de la responsabilidad que ese ejercicio o uso generan.

El artículo 95 de la Constitución dice que todo derecho supone responsabilidad, y que todos quienes ejercen derechos asumen los deberes correlativos. Y la jurisprudencia de la Corte Constitucional ha sido reiterada en el sentido de que el ejercicio desmedido de un derecho, de tal manera que cause daño a los derechos de otros, no es un derecho sino el abuso del derecho. Y el abuso no está protegido constitucionalmente.

Esto significa que, siendo muy compleja la vida de la sociedad, y sobre la base de que los demás -diferentes de aquel que está ejerciendo su derecho o haciendo uso de su libertad- también son titulares de derechos y libertades, igualmente respetables, y ella misma -la sociedad en su conjunto-  también tiene derechos, es preciso equilibrar. El equilibrio en esta materia significa ponderación; una adecuada disposición de los criterios jurídicos para que, en lo posible -esa es la búsqueda en que se empeñan la Constitución y en que se deben empeñar las autoridades y los intérpretes de aquélla-, todos los derechos y todas las libertades, de todos los asociados, sean de libre ejercicio. Por supuesto, si el ejercicio de mi propio e individual derecho, o el uso de mi particular libertad afecta, daña o impide el ejercicio de sus derechos o el uso de sus libertades por parte de otros asociados, es natural que se entienda que debo responder por el perjuicio causado.

La responsabilidad es la necesaria contarpartida del ejercicio de los derechos y de las libertades, y es el factor que permite el equilibrio entre unos y otras, y finalmente la convivencia entre los seres humanos. En tal sentido, debemos afirmar que no hay derechos absolutos, ni tampoco libertades de infinito alcance.

Las modalidades de responsabilidad son varias. No todas se aplican en todos los casos. Hay grados y formas de responsabilidad. Pueden ser -eso depende del caso- de orden penal, disciplinario, civil, moral, social.

En el caso de los medios de comunicación, tanto por el ejercicio de la libertad de expresión como por el derecho a la información, el artículo 20 de la Carta Política introduce el concepto de responsabilidad social, y no excluye la penal o la civil que puedan surgir en ciertos casos.

Entonces, si utilizo una información a mi cargo, como periodista, para calumniar a alguien, dando a entender que incurrió por ejemplo en un delito, y el delito no existió o la persona no lo cometió, y en síntesis mi información es falsa, debo responder. Lo propio ocurre si divulgo datos o informaciones que afectan el buen nombre, la honra o la intimidad de una persona o familia: debo responder. Y también, si con una información genero pánico económico o me dedico a hacer apología del delito o instigación al crimen o al terrorismo, debo responder, y la responsabilidad es penal en ese caso.

Ahora bien, para ir al punto del humor, cabe decir que es libre, pero que también tiene que ser usado con una responsabilidad, proporcionada por supuesto a sus características, para no causar daño a los derechos de las personas que son objeto del mismo. Así, so pretexto de una columna humorística, aunque es lícito usar formas de exageración de los defectos o de las peculiaridades de aquellos a quienes alude, no es admisible que el columnista ofenda gravemente o calumnie a todo un grupo social, a una raza, a una religión o a los miembros de una nacionalidad, porque tal comportamiento tiene necesariamente efectos en el campo de la responsabilidad social.  Un insulto o una acusación sistemática, o una ofensa permanente pueden generar efectos muy graves, como por ejemplo los que causaron los escritos -humoristicos muchos de ellos- que en 1933 y años siguientes circulaban en Alemania contra los judíos.

En fin, para resumir: libertad garantizada, pero con responsabilidad.

 

 

 

 

 

Comentarios

Pienso que en muchos medios colombianos no se tiene en cuenta esa "responsabilidad social" que contempla la Carta Política y muy bien explicada por el Dr Hernández en su respuesta a la lectora. El buen nombre, la honra y la intimidad de las personas, son afectados constantemente por presentadores y humoristas...y no pasa nada...! Estoy de acuerdo con quienes piensan que las cosas quedan así..!

0 Galileo55 11-07-2012 08:29 #8

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Me parece que las viejas le ponen mucha importancia a la Azcarate...si las gordas son tan seguras como dicen les debería importar un pepino lo que dice esa vieja. Finalmente para algunos hombres las mujeres gordas son mas atractivas y para otros, son las flacas. Que más da que una flaca hable mal de las gordas y que una gorda hable mal de una flaca. Creo que las viejas se exceden con darle importancia a estos temas.

0 Sebastian 09-07-2012 20:37 #7

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De acuerdo con usted, debemos ser responsables socialmente. Muchas gracias por su artículo. Un abrazo.

0 ISABEL CRISTINA 09-07-2012 06:49 #6

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La exposición que hace el Dr. Hernándes Galindo es muy oportuna e interesante, la encuentro pertinenete para el conflicto que se ha suscitado a raíz del artículo de la señora Azcarate pero de todas formas me queda la duda,porque por lo que leo no es mucho lo que se puede hacer para impedir que estas cosas sucedan. El doctor escribe sobre el respeto pero si son personas que no conocen eso pero que tienen un medio a su alcance no se puede hacer nada?

0 Conny 08-07-2012 18:42 #5

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Pues me parece que la Constitución está incompleta Faltan artículos y sobran otros

0 valeria 08-07-2012 16:31 #4

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Pero según lo que está escrito la constitución no sirve de nada ante estos casos porque todo el que tiene acceso a los medios puede decir lo que le venga en gana y como no lo hizo con responsabilidad entonces eso se queda así.

0 Natalia 08-07-2012 16:25 #3

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Excelente el artículo. Nadie debe olvidar que esta mujer ya ofendió un circulo de gente católica con unas fotos desnuda en las cuales daba entender que era Jesús, es una mujer irresponsable en sus hechos y con sus palabras que piensa que para estar en los medios debe abrir el debate alrededor suyo sin importarle como lo debe lograr.

0 perception 08-07-2012 13:53 #2

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el editor no lee....asi no hay preventiva....o..si lee...esos escritos atraen mas lectores...

0 carlos 08-07-2012 12:10 #1

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